dimarts, 15 de març de 2011

Arrugues

73.

Las turistas norteamericanas del ómnibus viejas
y arrugadas. Pero arrugadas de una manera diferente
a como se arrugan las mujeres por otras latitudes. Se
habían arrugado en el confort y la bonanza. Los surcos
de su cara eran el fruto de gestos placenteros, jubilosos y
hartos, repetidos hasta el infinito, hasta haberles impreso
la máscara de una vejez sin grandeza, la vejez
de la satisfacción.

Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas.
Editorial Seix Barral, 2007.