dijous, 12 de desembre de 2013

Ulls tapats mans a darrera, ulls tapats mans al costat

Ese hierro bien bruñido a mí me hace pensar, disculpen la digresión,
decía Florita Almada, en las gafas de cristales negros de algunos
dirigentes políticos o de algunos jefes sindicales o de algunos
policías. ¿Para qué se tapan los ojos, me pregunto? ¿Han pasado
una mala noche estudiando formas para que el país progrese, para
que los obreros tengan mayor seguridad en el trabajo o un aumento
salarial, para que la delincuencia se bata en retirada? Puede ser.
Yo no digo que no. Tal vez sus ojeras se deban a eso. ¿Pero qué
pasaría si yo me acercara a uno de ellos y le quitara las gafas y viera
que no tiene ojeras?


Roberto Bolaño, 2666.
Editorial Anagrama, 2004.

Marc Vicens, 2013.