dijous, 10 de juliol de 2014

Restaurar

De vez en cuando llegaba a la tienda una pieza de museo
demasiado deteriorada o estropeada para salvarla; para Hobie,
que sufría a causa de esos elegantes restos como si fueran niños
desnutridos o gatos maltratados, era un deber rescatar lo que 
se pudiera (un par de florones allí, un juego de patas bien 
torneadas allá) y, a continuación, con sus dotes de carpintero
y ebanista lo combinaba todo creando bonitos y jóvenes 
Frankensteins que en algunos casos resultaban muy fantasiosos,
pero en otros eran tan fieles al período que no se distinguían
de los auténticos.


Donna Tartt, El jilguero.
Traducció de Aurora Echevarría.
Lumen, 2014.

Marc Vicens, 2014.