alzaba la cara, que me olvidé del cielo. Y aunque lo
hubiera hecho, ¿qué habría ganado? El cielo está tan
alto, y mis ojos tan sin mirada, que vivía contenta con
saber dónde quedaba la tierra. Además, le perdí todo
mi interés desde que el padre Rentería me aseguró
que jamás conocería la gloria. Que ni siquiera de lejos
la vería...
Juan Rulfo, Pedro Páramo.
Editorial Planeta, 1989.
