dilluns, 27 d’abril de 2015

Marques

En Enoshima, una pequeña localidad pesquera cerca de Tokio,
las barcas salen cada tarde a la mar. Al regresar, los pescadores
seleccionan algunas de las piezas cobradas, las empapan de tinta
e imprimen con ellas sus propios carteles. Los peces hacen las veces
de nuestras planchas de grabado: la presión sobre el papel les permite
transferir su propia imagen. Su tamaño, su silueta, la textura de sus
escamas, la transparencia de sus aletas...

Joan Fontcuberta. El beso de Judas, Fotografía y verdad.
Editorial Gustavo Gili, 1997.

Marc Vicens, 2012. Tinta xinesa sobre paper d'arròs.