dimecres, 19 d’octubre de 2011

Fruita y flor

Nunca se le había ocurrido que el cuerpo de
una mujer de cincuenta años, deformado hasta
adquirir dimensiones monstruosas a causa de
los partos y endurecido, embastecido por el trabajo,
pudiera ser un hermoso cuerpo. Pero así era, y
después de todo, ¿por qué no? El sólido y deformado
cuerpo, como un bloque de granito, y la basta piel
enrojecida guardaba la misma relación con el cuerpo
de una muchacha que un fruto con la flor de su árbol.
¿Y por qué va a ser inferior el fruto a la flor?

George Orwell, 1984.
Ediciones Destino, 2001.