dimarts, 1 de setembre de 2015

Tornada a casa

Cuando venía se pasaba las tres primeras semanas llorando
de alegría por el reencuentro, y las tres semanas antes de partir
ya lloraba de dolor por la separación. De modo que si se quedaba
más de seis semanas con nosotros disfrutaba, en medio, de cierto
periodo de calma, que solía pasar entretenida con labores manuales;
pero si permanecía menos tiempo, a veces no se sabía a ciencia cierta
si estaba deshecha en lágrimas porque por fin volvía a estar en casa
o porque ya le espantaba el regreso.

W.G. Sebald, Los emigrados.
Editorial Anagrama, 2015.
Traducció de Teresa Ruiz Rosas.


Marc Vicens, 2015.